La selección paraguaya escribió una de las páginas más memorables de su historia al derrotar este lunes a Alemania en la tanda de penales por 4-3, luego de igualar 1-1 tras 120 minutos de intensa batalla, clasificándose a los octavos de final del Mundial 2026.
El conjunto dirigido por Gustavo Alfaro volvió a demostrar que la disciplina táctica, el sacrificio colectivo y la fortaleza anímica pueden imponerse incluso ante una de las selecciones más laureadas del planeta. Frente a una Alemania que llegaba con el cartel de favorita, la Albirroja sostuvo el partido con orden, respondió en los momentos de mayor presión y terminó festejando desde los doce pasos.
Paraguay abrió el marcador por intermedio de Julio Enciso, mientras que los europeos encontraron la igualdad gracias a Kai Havertz. En el tiempo suplementario ninguno de los dos equipos logró romper el equilibrio, llevando la definición a la tanda de penales.
Allí apareció la gran figura de la noche: Orlando Gill. El arquero paraguayo contuvo dos remates decisivos y encaminó una clasificación histórica que terminó de sellar José Canale con el penal definitivo, desatando la euforia de miles de paraguayos presentes en el estadio y de millones que siguieron el encuentro desde el país.
El triunfo tiene un significado especial para el fútbol paraguayo. Además de representar el regreso de la Albirroja a los primeros planos mundialistas tras 16 años de ausencia, significó una revancha deportiva frente a Alemania, selección que había eliminado a Paraguay en los octavos de final del Mundial de Corea-Japón 2002.
Con esta victoria, Paraguay mantiene vivo el sueño mundialista y afrontará los octavos de final con la confianza de haber eliminado a uno de los gigantes del fútbol internacional. La ilusión vuelve a recorrer cada rincón del país y la Albirroja demuestra, una vez más, que cuando la garra guaraní aparece, no existen imposibles.

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